Sobre mí

Muchos amigos/as me dijeron que aprovechase para disfrutar el monte y los amigos antes de que naciera Iria, ya que decían, ella nos absorvería gran parte de nuestro tiempo, nuestras actividades, nuestra forma de vida.
Todo es cuestión de echarle imaginación y pensar en positivo. Y sobre todo, huir de esas palabras de desanimo y estress que tanto oímos a la gente cuando unas personas esperan a su bebé.
Nosotros hemos elegido afrontar la situación de forma diferente. De este modo, en lugar de dejar de hacer lo que hacemos, el nacimiento de nuestro bebé, nos ha abierto nuevas puertas para disfrutar de nuestras actividades preferidas con él, en lugar de separarlas y sin dejar de vivir nuestra vida y hacer lo que nos gusta.
Gracias a estos “enamigos”, surgió la idea de hacer esta web. Demostrarles que no sólo es posible, si no, fácil. Sólo es necesario tener ciertos conocimientos para hacer las actividades con la seguridad necesaria, y ganas, muchas ganas de disfrutar la vida y nuestro tiempo.

Me llamo Luis Eduardo Mansilla y soy guía de montaña por la EMAM (Escuela madrileña de alta montaña).

Uno de tantos días en la Pedriza…

Desde pequeño mis “papás” nos llevaban a mi hermano y a mí bastante a la montaña (menos de lo que deseábamos). Ante la pregunta “¿playa o montaña?”, no había lugar a discrepancias. Así pasó mi infancia, de los Picos de Europa a los Pirineos, y de allí a Sierra nevada pasando por los montes de Toledo…, hasta que me hice mayor.
El punto de no retorno fue el año 2009, cuando hicimos un viaje de dos meses por Perú, conociendo la selva y las montañas de los Andes. Desde ese viaje, las ganas de conocer el mundo y con ello adquirir conocimiento han ido siempre en aumento, haciendo de los viajes la tónica y la esencia general de mi vida.

Comencé en Guadarrama, después fui a Pirineos, le siguieron los Alpes, Andes, hasta ir a parar al Himalaya…, sea cual sea la cordillera, todas tienen algo que las hacen especiales, creandonos ese impulso que nos hacen ir una y otra vez a descubrirlas.

Laguna grande de Peñalara, (dos meses para su nacimiento).

Primera de nuestras aventuras con nuestro bebé que publicamos aquí. Iria aún no ha nacido, tiene unos 7 meses de “vida” dentro de la tripa de Laura. La cuenta atrás para que nuestra hija comience a tener fresco en las salidas, fuera de la seguridad y el calor de la barriga de su mamá pronto llegará a su fin.

¿Qué queremos deciros con esto?. El embarazo es una etapa más que no debería hacernos parar en nuestras actividades montañeras. Ánimo, y ¡sal al monte con tus hijos!.
Esta excursión es sencilla, apenas unos 300 o 400 metros de desnivel, por camino bien marcado, desde el Puerto de Cotos hasta la laguna. Más o menos una hora de camino. Muy buena para personas que no estén muy acostumbradas a andar, “principiantes”, por llamarlo de alguna manera y perfecta para hacer con críos de todas las edades.

Hoy es 5 de Marzo de 2016, y la previsión no era muy buena, unos -5 grados de temperatura, y un viento con rachas de hasta 70 km/h en las cimas. Bastante nieve aún, pero nada que unos buenos crampones y una chupa adecuada no arreglen. La tripa bien tapadita para que el bebé no se mueva mucho y tirando millas. Entre otras cosas, no olvidéis unos buenos guantes, un buen gorro y unas buenas gafas de ventisca si vais a hacer esta, u otra excursión parecida en invierno por terreno nevado, incluso si la predicción es de buen tiempo. Y lo que es más importante, un par de buenos bocatas y agua, mucha agua.

Prealpes italianos. (Sur de Orobie), (1 año y 10 meses).

Aprovechando que la enana pagará como una persona adulta en el avión cuando cumpla 2 años (tiene tela la cosa), llevábamos tiempo queriendo hacer un viaje en el que tuviéramos que coger este medio de transporte.
Tras una larga búsqueda de posibilidades, nos decantamos por ir a Milán, (aeropuerto de Bérgamo), situado al pie de los pre Alpes, en el norte de Italia. Con Ryanair no nos salió muy caro. Además, en el avión puedes meter la mochila porta bebés sin necesidad de facturarla (la llevan al maletero), pero se puede aprovechar para cargar esa mochila con mil cosas y así evitar pagar más por facturar otros macutos. Este es un buen truco que conviene recordar.
En esta ocasión, nos acompañará una viaje conocida en esta historia, Ana, la hermana más aventurera de Laura.
La idea original era hacer una ruta que atraviesa todo el Parque natural del Orobie, “Il sentiero delle Orobie”, por las crestas, pero al observar las fotos de las web cam de los refugios que hay por el camino, vimos que estaba todo hiper nevado, así que rechazamos esa posibilidad, ya que no queremos llevar crampones y material alpino por no tener para Ana, dejándolo como “proyecto” para más adelante, o para el verano, porque la verdad es que promete y mucho, y hacer otra ruta improvisada por cotas más bajas.
A continuación el diario del viaje, estilo blog, y al finalizar las conclusiones a las que hemos llegado para viajar con bebés en esta excursión y por esta zona.

Día 1: 27 de Marzo de 2018: (Madrid – Bérgamo)
La primera vez que Iria monta en avión. Le gustó bastante, y las dudas de cómo lo pasaría desaparecieron desde el despegue. Todo fueron facilidades con el bebé, te dejan entrar antes, no te dan el coñazo en el control…, etc. Llegamos al aeropuerto de Bérgamo el día 27 sobre las 12:00, y como Ana llegaba a las 23:00, teníamos todo el día por delante. Hicimos algunas compras que nos faltaban para la aventura, y decidimos ir de pijos a un hostal (Bed & Breakfast) que había en el centro de Bérgamo. Este pueblo tiene pinta de ser bonito, pero no tuvimos tiempo de ver mucho. Ana llegó a las 00:30, y a dormir.

Día 2: 28 de Marzo de 2018: (Bérgamo – Collado de Giogio)
Con las ideas claras, fuimos a un centro de información turística que hay al lado de la estación de tren de Bérgamo, y nos sorprendió mogollón la cantidad de mapas y demás hojas con información que tienen. Todo gratis. Nos dieron de todo, entre ello dos mapas que yo hubiera pagado por ellos…, (ya que en Desnivel (la librería de moda de montaña en Madrid) no tenían mapas de Orobie), con curvas de nivel, caminos, y de todo, además de información muy detallada de la primera zona que íbamos a visitar, (El Lago de Isseo).
Moverse en esta zona es fácil y barato. Fuimos a Predore en autobús (5 euros por cabeza), unos 45 minutos de viaje, a los pies del lago. Son las 13:00. Aquí comienza nuestro viaje.
Llevamos 4 sacos y 2 tiendas de campaña, además de un bebé de 22 meses y 12 kilos. Querer es poder. Laura lleva a Iria y un par de sacos pequeños, Ana lleva bastante peso, la tienda de campaña, agua, comida, saco enorme… y yo llevo la mochila tocha con un poco de todo. La tónica general fue esa durante todo el viaje, si bien, cuando quedaba poca agua o comida y la mochila pesaba menos, nos la cambiábamos entre Laura y yo.

Tras algunas dudas sobre cómo ir, fuimos al collado de Giogio. Unos 700 metros de desnivel nos esperaban y tras subir por un camino asfaltado y mazo empinado (más tarde descubrimos que medio camino iba a ser asfaltado), llegamos sobre las 18:00.
Resulta que en Italia, al ser muy devotos, tienen iglesias o capillas por todos lados, casi todos los collados por los que pasamos tenían, y este no era una excepción. Medio en ruinas, nos metimos, y plantamos los bártulos en una salita muy acogedora en rehabilitación. Por la noche los murciélagos revolotearon nuestras cabezas, y alguna gota cayó fuera, pero el sueño tras una caminata siempre sienta bien, máxime si la cena es caliente.

Día 3: 29 de Marzo de 2018: (Collado de Giogio – Vivac Camilo & Giacomo).
Si el día anterior andamos poco para ir calentando, este tocaba recuperar un poco. Despertamos, desayunamos, colocamos las movidas y andando. En breves cruzamos por el Collado de Rolla (donde chusteamos un poco de agua en una especie de refugio de cazadores). De aquí al Collado de Dedine. Se nos hizo un poco más largo ya que comenzó a llover bastante y los intentos de chustear las zetas del camino medio asfaltado fueron en balde, tuviendo que volver para atrás en un par de ocsaiones. Yo me calé, ya que voy con una chaqueta antigua.

La predicción era que llovería durante 2 días seguidos a machete, con truenos, rayos y centellas, y parecía que iban a acertar. Pero no importa si lleváis una mochila en condiciones para vosotros y para el bebé, que le tape entero para que evite que vuestro hijo/a se moje. Muchísima niebla, tanta que casi nos pasamos la iglesia en ruinas (una de tantas) que nos esperaba en el collado. Allí nos secamos y esperamos a que escampara un poco en el altar bajo los frescos de la capilla. Pensábamos que estaríamos medio aislados en medio del monte, e hicimos una fogata para calentarnos un poco, además de recolocar un poco las cosas en una habitación por si tenemos que quedarnos aquí los dos días que durará la tormenta. Nada más lejos de la realidad, escampó, y había una carretera al lado con un tío currando en una máquina, además de mil casas por los alrededores. La risa. Decidimos aprovechar la “cortina de buen tiempo” y continuar para adelante hasta el Refugio Camilo & Giacomo tras atravesar en un par de horas el Collado de Caf, a unos 1.300 metros de altura, ya con bastante nieve en las caras norte de estas colinas. El refugio (Vivac realmente según pone en el mapa), una locura…, pero sin camas, es un techo enorme, con una cocina y mogollón de mesas y sillas…, algo nos decía que no íbamos a tener problemas en este viaje con los lugares para dormir. Plantamos las movidas y a dormir tras cocinar una comida bien calentita.

Día 4: 30 de Marzo de 2018: (Vivac Camilo & Giacomo – Monasterolo di Castello)
Esta zona de Italia se parece un montón a Asturias. Clima similar y montes parecidos, si bien algo menos escarpado. La predominancia de los árboles son los robles, castaños y mucho abetos que se auto podan. Hayas dispersas y varios acebos.
Hoy día de descanso activo regenerativo. Solamente bajamos al pueblo de debajo, unos 2 o 3 kilómetros, a orillas del lago de Endine, mucho más pequeño que el de Iseo, pero más atractivo y bonito. Allí dormimos en otro B&B, que regentan dos señoras muy simpáticas y amables, la “Libelula Rossa”, 100% recomendable. Dimos vueltas por el lago y cenamos en un restaurante de lujo…
Al día siguiente, Mónica y Claudia Schirolli, nos invitaron a un bollo típico de allí llamado Cucca, que solamente lo hacen en ese pueblo. Fue genial. Si venís por aquí, no dejéis de visitar este B&B.

Día 5: 31 de Marzo de 2018: (Monasterolo di Castello – Spinone del lago)

Pues si hoy tocaba recuperar, resulta que no. no paró de llover, y solamente pudimos cruzar el lago por el sur hasta el pueblo de enfrente, otros 2 o 3 kilómetros. Compramos comida, que ya empieza a escasear, y chusteamos mazo tiempo debajo de un tejadillo. Ya cansados y entendiendo que tenemos que dormir por aquí dimos un rulo para buscar un sitio y vimos un lugar magnífico en el “Club Alpino de Spinone”, justo en el inicio del camino. Antes de ir preguntamos a un señor por un lugar donde dormir por aquí, pero que que no fuera muy caro (los hoteles rondan los 90 euros), y tras consultarlo con su hija (él no sabía hablar inglés), fuimos invitados por toda la familia a dormir en el garaje de su casa. Fue estupendo, y la familia se comportó genial con nosotros. Nos invitaron a una Colomba, un bollo típico de la zona en estas fechas (es Pascua), para desayunar al día siguiente, y un huevo de pascua para Iria. Además, nos ofrecieron todo para que pasaramos una noche agradable. Un 10. Desde aquí os damos las gracias una vez más, y si volvemos (o venís por Es

paña), estaremos encantados de volver a veros.

Día 6: 1 de Abril de 2018: (Spinone del lago – Val Vértova)

Hoy sí amaneció perfecto, y tuvimos todo el día para andar. Bueno, teniendo en consideración que salimos de allí a las 11:30. Subimos al pueblo de arriba, Bianzano, desde el que hay unas vistas espectaculares de las montañas más altas de Orobie, todas blancas desde los 1.500 metros. De allí, cruzando una pequeña zona de escalada en una cuneta de la carretera (literal), cogimos un sendero (de nuevo bastantes tramos asfaltado) para atravesar el Valle Rosa por el margen derecho del río.

Una vez se acaba el camino no teníamos muy claro si podríamos girar al Norte para cruzar un valle y llegar a un collado donde había un camino que parecía muy agradable y descender así a Cazzaniga por un camino marcado en el mapa. Preguntamos a 5 chicas que había en un bar de carretera y nos dijeron que no, que el único camino era ir por la carretera… Yo no me lo creía pero las hicimos caso y tiramos por la carretera. 2 kilómetros después, y ya cansado de despotricar de ellas, tiramos por el valle que pensábamos y no tardamos en encontrar un paso hasta el collado. (Hubiése sido mucho más sencillo haber girado antes, pero bueno). El Monte Beio asoma delante de nosotros, con sus escarpadas laderas con nieve adosada. Bonitas vistas, buena elección. 3 señores mayores nos llevaron al cruce del camino que conducía a Cazzaniga. Uno de ellos me dio lecciones de cómo ir por el monte, jeje. Poco más, descendimos el valle, llegamos a Cazzaniga (todo cerrado por ser “Pascueta”), y comenzamos el ascenso al Valle de Vértova). Cogimos agua en una casa y poco después de comenzar el camino vimos una casa en construcción con vistas al valle perfecta para pasar la noche. No lo dudamos mucho, y ya que se nos hacía de noche, plantamos el chiringuito en el porche.

Día 7: 2 de Abril de 2018: (Val Vértova – Cornalba)
Hoy sí, madrugamos, y a quien madruga, Dios le ayuda. A las 8:00 estábamos andando por la pista (asfaltada, como no), con el valle a la derecha y los riscos de ……. en frente. Un rato después llegando a Val del Gru, zona de descanso muy bonita, con una fuente magnífica. Es curioso, pero no nos resultó fácil en todo el viaje el aprovisionarnos de agua, ya que mucha de la que cae se filtra con facilidad en el terreno.

En Val del Gru, la pista se convierte en camino, y asciende moderadamente hasta el Paso Barbata, a unos 1.300 metros, donde encontramos ya bastante nieve para cruzar al valle de ……. No sabíamos si descender al pueblo de abajo (….), o continuar por el camino hasta Otre il Colle (que era nuestra idea principal). Eran las 15:00, y para salir de dudas subí hasta los 1.450 metros, cota donde la nieve ya era continua, pero con huella reciente. Nos decantamos por continuar, ya que en un principio, si el camino seguía así hasta los 1.600 metros (máxima altura que teníamos que alcanzar), no resultaría difícil cruzar y llegar al otro lado del valle e inicar el descenso hasta el pueblo. Pero Ana dio bastante muestras de inexperiencia en terreno nevado, y tardamos mil en atravesar esta zona.

De hecho tardamos hora y media en hacer 1 kilómetro…, con la desesperación de Ana, que se tropezaba todo el rato y lo pasó fatal. Estaba todo hiper nevado, y te metías hasta la cintura varias veces. Así pues, una vez llegamos al refugio de ……. a las 19:00, decidimos bajar por el valle hasta Cornalba. Estábamos hiper mojados, ya que abrir huella siempre es trabajo fatigoso. Además, se acercaban una nubes que no presagiaban nada bueno. Por no decir que Ana estaba destrozada física y psicológicamente. En Cornalba no tardamos en enontrar una cabaña perfecta para dormir en una zona de escalada.

Día 8: 3 de Abril de 2018: (Cornalba – Milán)

¿Qué mejor manera que cumplir años estando en la montaña rodeado de tus hijos?. Poca cosa. Hoy fuimos a Milán de vuelta. Bajamos al pueblo, pero no salían buses, así que andando al pueblo de al lado,……., a las 14:30 estábamos en Milán, y a las 15:00 en el hostal. Por la tarde a dar vueltas por la ciudad. A mí personalmente no me gustan las ciudades, pero diré algo: No hay palmeras de chocolate en las pastelerías, y los helados no están del todo mal, además no son caros. Las joyerías tampoco parecen muy caras y las tiendas de ropa, exceptuando los 1.300 euros de una camiseta cutre de Versace, tienen precios normales. El centro de Milán es como una tienda enorme. Cenamos en un barrio parecido a Venecia, y al hostal. Ana se fue a las 3:00, ya que su avión salía a las 6:45.

Día 9: 4 de Abril de 2018: (Milán – Madrid).
En el hotel nos dejaron dejar las cosas, así que fuimos más cómodos por Milán. No diré mucho, sólo que si os gusta el turisteo de ciudad, ésta es una buena opción, una mezcla de París y Madrid, pero con un toque más italiano…, por decir algo. La vuelta en el avión perfectamente. Iria se durmió al llegar a Madrid, dando el viaje a medio avión, y teniendo que cargar con ella hasta casa en el Metro.

CONCLUSIONES
Sin duda un viaje agradable donde el bebé disfrutó como nunca. Ya comienza a andar bastante ella sóla, cada día haría más o menos un kilómetro o kilómetro y medio, por camino o pista. Siempre riéndose y deseando andar. En nuestro caso, cuando quiere andar dice “Andando, ahí”, señalando el suelo. Un rato después se cansa, se queda quieta y quiere volver a subir a la mochila, donde no tarda en quedarse dormida. Esta zona es ideal para viajar con niños. No hay muchos “peligros”, y la red de senderos que tienen están muy bien señalizados. Prácticamente salen rutas de cada pueblo y las hay de todos los niveles. En cada población te indican con carteles informativos el recorrido, desnivel, dificultad, y demás datos del sendero. Además tienen varios puntos de información turística con muchísima información y mapas de la zona. La gente con nosotros fue muy amable siempre, si bien al verte con un bebé siempre se tiende a ser “mejor persona”. No estaban acostumbrados a ver bebés en el monte, ya que la mayoría de la gente a la que le preguntábamos por el estado del camino nos dijeron que era “difícil”, cuando en realidad era un paseo, y alucinaban cuando les decíamos que veníamos de “Predore”, les costaba entender que veníamos andando en una excursión de varios días con el bebé. No había muchos senderistas, apenas nos cruzábamos con 5 personas por los senderos cada día, pero no os preocupéis, es difícil perderse. Si no se ve claro, siempre se pueden contratar los servicios de un guía titulado.